Una semana más hasta las cejas de curro y no una sino dos enfermedades entre los miembros de esta alegre compaña, una semana más que hemos dejado abandonado este blog. Y es una pena, porque el tema portadil daba para una enciclopedia. Pero una enciclopedia bélica: los chicos de Ugly Pictures hicieron hace tiempo este justamente mítico vídeo, que todo el mundo enlazó y que a nosotros nos parece estupendo para concluir una semana de infiernos varios. Mirad con qué salero corren los Beatles del demonio, mirad cómo se lo come todo Ozzy, mirad qué paz hay en el camposanto metallico. Aunque no hacía falta tanta violencia: con enseñar una portada de prog-rock todos los combatientes habrían muerto de una pacífica embolia, tal y como demuestra esta horripilante galería de mierdas progresivas, cortesía de nuestro lector Rafa.
Reconozco que el tema de esta semana de Dando la nota me ha provocado ciertos sentimientos encontrados. Es decir, a veces nos ponemos muy pejigueros con eso de que si están muy viejos, que si es que mejor que se queden en casa, que si es que han vuelto solo por la pasta, que si es que se están cagando en mis recuerdos de juventud y en mis recuerdos de juventud sólo me cago yo (y el hecho de haberme encontrado paseando a unos trillizos a la tía buena del instituto, con treinta kilos extra). Esto es: que a menudo me parece bien que vuelva todo el mundo, sobre todo si soy fan y si soy mitómano del grupo en cuestión. Por ejemplo, la gente llora sangre cuando se le habla del regreso de los Pixies, pero cuando las canciones suenan igual de frescas y contundentes que en su día… demonios, qué más da que se estén forrando con la banda sonora de nuestro primer beso o primera paja, dependiendo de si teníamos entrecejo o no con 17 años. Vale, ya no nos follaríamos a Kim Deal, pero eh: ¡cómo si hubieras tenido oportunidad cuando sí te la habrías follado!
La cuestión es que para que se me vea desprejuiciado y que lo digo de corazón, propongo el retorno de tres grupos, tres, de mi panteón de intocables.
Uno: Shampoo. Con cuarenta años. Con rulos. Y vestidas de rosa igual. Maquilladas igual. Con las piruletas. Con todo. Pero con cuarenta y pico. Se me empañarían las gafas, y no de excitación precisamente.
Dos: Blas y las Astrales. El único grupo en condiciones que dio la movida electroclash de hace unos años (dejemos a Los Focomelos fuera de esto, ¿vale?) solo dio un concierto, teloneando a McNamara, y se difuminó dejándonos sinfonías de la insensatez que hoy día están, si cabe, aún más de candente actualidad que en su día. ¡Vuelvan, cojones!
Tres: Sugarcubes. El grupo primigenio de Björk, a la que ya, ya lo sé, todos odiamos. Pero imaginen un panorama musical que recuperara cancionzacas como esta, que Björk volviera a convertirse en una elfita encantadora y no en una menopáusica orientalizada. Un mundo que volviera a amar a Björk. ¡Qué pasaría! ¡Explotaría todo! Y aquí somos muy fans de las explosiones.
En efecto, esta semana Dando la nota regala música. Pero no cualquier música, no. Música especialita. Música muy nuestra. Tan nuestra que en parte la hemos hecho nosotros. Al menos, eso pasa con la que regalamos hoy: Wicked Wanda es la banda de rock cerdaco en la que servidora toca el bajo y berrea como un niñato malcriado consignas de la categoría de «24/7 de la fiesta / Esta noche, cariño mío no me esperes despierta» o «No seas tan mema, no seas tan cretina / Te voy a dejar las ingles hechas fosfatina». Hoy os traigo nuestra primera maqueta, Aquí manda Wicked Wanda, que podéis descargar de forma extremadamente gratuita justo aquí o, si no os funciona el enlace, está hasta los topes o a saber, en nuestra página de Bandcamp.
Lo mejor que puedo decir de Wicked Wanda (que, por cierto, es un personaje de tebeo publicado por Penthouse entre 1969 y 1979, y que aquí recibió el sabroso título de Wanda la Perversa) es que os gustará si os gusta Grandes éxitos, mi columna semanal en Dando la nota. Como Grandes éxitos, Wicked Wanda es un trío muy amigo del exabrupto, el guitarreo y la palabra malsonante. Títulos como Hijadeputa del mal o A ti te gusta mucho el mambo son buena muestra de lo que hago junto a Mr. Asterisco (guitarra) y Kiko Libertino (batería), y en nuestros conciertos se nos ha comparado, lo cual es todo un honor, a Siniestro Total o Electric Six y nunca, en ningún caso, a Coldplay, lo cual es todo un alivio. Un concierto de Wicked Wanda es lo más cercano imaginable a un número de El Jueves Especial Gente A La Que Le Va A Estallar La Cabeza y podréis comprobarlo, si os pasáis este año, por el Primavera Sound, en el escenario Myspace el sábado 29 a las 16.30. O mismamente, aquí abajo…
Los kioscos de hoy cabecean melodías entrañables porque hay un nuevo número de El Jueves en su seno, y dentro de él, calentita como dentro de útero materno, habita la nueva entrega de Dando la nota. Como saben desde hace unos días, la entrega de esta semana versa sobre mujeres que cantan. Unas mejor, otras peor, yo particularmente no he tenido más remedio que rendirme a la evidencia en mi columna, que es que tengo fijaciones obsesivas con las mujeres que detesto. No me canso de ver a Amaia Montero poniéndose en evidencia:
Pero esto no es justo para nadie, amigos. No es justo para ella, que tiene derecho a ponerse hasta arriba de lo que le dé la gana, y no es justo para nosotros, que nos encanta entonar odasallíquidoelemento en todo momento y no pasa nada. Al fin y al cabo, quiénes somos nosotros para juzgar lo que hace Amaia con su carrera. Por eso, y porque en el fondo me sabe mal haberme cebado con las necias de la canción melódica española en mi columna (la ilustración de Luis Bustos tampoco ha ayudado a suavizar el tema), me postro ante un fenómeno que me obsesiona y que haría recuperar la fe en la música interpretada por chicas hasta al misógino más recalcitrante (¡que no es mi caso, oiga!): las chicas que tocan el ukelele. Féminas con instrumentos minúsculos, voces aflautadas y físico a menudo como de becaria de biblioteca pública, de las que es fácil encontrar recopilaciones de vídeos como ésta, y entre las que destaco sin duda a este par de elfas del instrumento hawaiiano. Recuerden, El Jueves desde hoy en sus kioscos, y que haya féminas en abundancia para todos. O al menos, una por cabeza.
De controlcés y controluves va la próxima entrega de Dando la nota, el próximo miércoles en El Jueves. De copiones, plagiarios, caraduras, amigos de lo ajeno y escamoteadores de melodías. De gente que se inspira en otra gente para hacer pasar por suyas canciones que no es que sean de otro: es que posiblemente son de un negro sexagenario de los años treinta. Dicen que dentro del pop hay cuatro melodías que se repiten, pero algunos se lo toman muy a pecho. Las pruebas las podréis leer este miércoles en Dando la nota, dentro de El Jueves.
Y si queréis ir abriendo boca, podéis ir acumulando evidencias con la ayuda deWho Sampled, una base de datos que recopila fragmentos de canciones robadas por otras canciones. Es decir, sampleo, clonación y versionismo. Diez minutos en Who Sampled y veréis que ladrones, lo que se dice ladrones, quizás sea excesivo, pero de gente que le gusta más escuchar canciones ajenas que hacerlas propias, hay unos cuantos ejemplos en la industria musical. Por ejemplo, atended al segundo 3: 31 de la semidesconocida Ashley’s Roadclip de Chuck Brown:
Os suena, ¿verdad? Normal. Ese fragmento lo ha sampleado todo el mundo desde hace treinta años, desde EMF a Run DMC. Aunque sin duda, nuestro caso favorito es este:
¡Toma ya, abuela! ¡Todo el estribillazo! ¡Y no solo eso!
¡Otra vez! ¡Un estribillo detrás de otro!
Sabemos lo que estáis pensando. Milli Vanilli merecen una entrega de Dando la nota. Lamentamos comunicamos que no estamos de acuerdo. Nosotros creemos que merecen un Extra de El Jueves para ellos solitos.
El pasado viernes 23 asistí, con mezcla de gozo y cabreo, al concierto de Ilegales en la Sala Heineken de Madrid. Es uno de los últimos conciertos que darán en Madrid antes de reconvertirse en Jorge Ilegal y los Magníficos, el grupo dedicado a la música añeja al que Jorge Martínez lleva unos cuantos lustros dando vueltas. El concierto respiró toda la mala leche propia de un concierto de Ilegales, especialmente después de que la caja de la batería se rompiera dos veces: Jorge se cagó en la puta y dio nombres y apellidos de la empresa a la que habían alquilado los instrumentos, con lo que el tono tocapelotas necesario para entonar Tiempos nuevos, tiempos salvajes o Caramelos podridos estuvo garantizado toda la velada.
Por aquí, servidor tiene genuína devoción por los Ilegales: sin perder nunca el sentido del humor, son capaces de destilar una chulería muy alejada de poses propias de grupo de punkitos adolescentes. Cuando Jorge Martínez dice “Eres una puta / Pero no lo bastante / Tu boca huele / Como un escape de gas“, no lo hace para parecer un malote: es un macarra auténtico y se la suda lo que pienses de ellos. Así lo demuestran en canciones como Hacer mucho ruido, donde habitan pareados tan irrepetibles como “Hago mucho ruido / Porque soy un cretino” o “Me cago en la leche que mamaron / Los cabrones que me denunciaron / Están todos amargados / Sus mujeres huelen a pescado“. Mucha risa, sí, pero a mí este hombre me levanta la mano y me hago caca.
En nuestra primera entrega de Dando la nota ponemos finos a los teloneros y su ridícula existencia. ¿Qué forma artística, aparte de la música, tiene un concepto tan ridículamente humillante como el de los teloneros? ¡Ninguna! ¡Porque es hacer sufrir por hacer sufrir! ¡Es hacer sufrir a los que han venido al concierto a ver al grupo principal, es hacer sufrir a los pobres desgraciados que se encuentran con un público que no para de bostezar, es una agonía gratuíta! Créanme, sé de lo que hablo, no hay nada peor que un grupo mediocre, y no hay nada peor que una sala vacía. Pero cuando se juntan ambos conceptos, como en el vídeo adjunto, se alcanza sin problemas la estratosfera del dolor y la vergüenza ajena. ¡Basta ya de teloneros!
Madre mía, qué nerviosismo, qué tensión. Mañana es el día M (¿todo tiene que ser el día D? ¿no podemos tener una hora S o un punto F?), el día en el que los lectores de El Jueves vais a comprobar cuál es nuestro concepto de la música y sus creadores (podemos llamarlo conceptos L, W y Q, según si es de Tones, Bustos o Bartual). Dando la nota está a punto de aterrizar en los kioscos, y estamos dando los últimos retoques. Para relajarnos en estas 24 horas que quedan, sólo podemos bailar como si alguien hubiera deslizado una serpiente de cascabel en nuestros gayumbos (el que tenemos: sólo usamos uno con la cara de Lady Gaga, que nos vamos turnando).
Es decir, igual que Tom Jones. Bailar como si no hubiera un mañana. (Aunque sí hay un mañana: el de la primera entrega de Dando la nota).
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