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Dejad que las ukelelistas se acerquen a mí

Los kioscos de hoy cabecean melodías entrañables porque hay un nuevo número de El Jueves en su seno, y dentro de él, calentita como dentro de útero materno, habita la nueva entrega de Dando la nota. Como saben desde hace unos días, la entrega de esta semana versa sobre mujeres que cantan. Unas mejor, otras peor, yo particularmente no he tenido más remedio que rendirme a la evidencia en mi columna, que es que tengo fijaciones obsesivas con las mujeres que detesto. No me canso de ver a Amaia Montero poniéndose en evidencia:

Pero esto no es justo para nadie, amigos. No es justo para ella, que tiene derecho a ponerse hasta arriba de lo que le dé la gana, y no es justo para nosotros, que nos encanta entonar odas al líquido elemento en todo momento y no pasa nada. Al fin y al cabo, quiénes somos nosotros para juzgar lo que hace Amaia con su carrera. Por eso, y porque en el fondo me sabe mal haberme cebado con las necias de la canción melódica española en mi columna (la ilustración de Luis Bustos tampoco ha ayudado a suavizar el tema), me postro ante un fenómeno que me obsesiona y que haría recuperar la fe en la música interpretada por chicas hasta al misógino más recalcitrante (¡que no es mi caso, oiga!): las chicas que tocan el ukelele. Féminas con instrumentos minúsculos, voces aflautadas y físico a menudo como de becaria de biblioteca pública, de las que es fácil encontrar recopilaciones de vídeos como ésta, y entre las que destaco sin duda a este par de elfas del instrumento hawaiiano. Recuerden, El Jueves desde hoy en sus kioscos, y que haya féminas en abundancia para todos. O al menos, una por cabeza.

Hey hey, chocho

En España somos muy de traducir las cosas. Esta afición nuestra es algo que termina aportando nuevos matices a las obras adaptadas al español, como que los franceses y los rusos hablen siempre con el mismo acento o que Sayid parezca Apu, el del badulake de Los Simpson. Pero si algo hace que nuestra cabeza dé más vueltas que un disco de vinilo a 78 revoluciones por minuto es cuando algún músico extranjero decide cantar sus canciones en español.

Pasó en los noventa con Roxette, que en vista de su éxito por nuestras tierras decidieron marcarse un disco entero de baladas en español que, al tratarse de una traducción más o menos literal de canciones grabadas originalmente en inglés, provoca sonoras carcajadas a poco uno deja de reírse con el acentazo de Gun-Marie y comienza a prestar atención a las letras. Pero la que se lleva la palma en esto de cantar en un idioma diferente al suyo es nuestra amiga Avril Lavigne.

En la lista de reproducción que enlazábamos ayer no pudimos evitar incluir la versión en español de Girlfriend, el single del último disco de la Lavigne interpretado por la propia muchacha en la lengua de Cervantes. Lo acojonante viene cuando te pones a cotillear por Spotify y descubres que en realidad no sólo lo grabó en inglés y en español, sino también en francés, alemán, italiano, portugués… ¡japonés y mandarín!

La cosa tiene su truco, claro, porque lo único que canta en el idioma correspondiente es el estribillo de la canción, pero ya es más que suficiente para pasar un rato fascinado ante la aparente versatilidad lingüística de la que intentaron vendernos como el reverso tenebroso de Britney Spears. En Dando la nota hemos decidido ponernos en huelga y tan sólo escuchar una y otra vez todas estas versiones de la Lavigne en nuestros reproductores musicales hasta que Amaia Montero siga el ejemplo de sus compañeras de oficio y grabe su disco en francés, alemán, chino, árabe y todos los idiomas que haga falta, para ver si así la pena compartida es menos pena.