Crónicas: Ilegales

El pasado viernes 23 asistí, con mezcla de gozo y cabreo, al concierto de Ilegales en la Sala Heineken de Madrid. Es uno de los últimos conciertos que darán en Madrid antes de reconvertirse en Jorge Ilegal y los Magníficos, el grupo dedicado a la música añeja al que Jorge Martínez lleva unos cuantos lustros dando vueltas. El concierto respiró toda la mala leche propia de un concierto de Ilegales, especialmente después de que la caja de la batería se rompiera dos veces: Jorge se cagó en la puta y dio nombres y apellidos de la empresa a la que habían alquilado los instrumentos, con lo que el tono tocapelotas necesario para entonar Tiempos nuevos, tiempos salvajes o Caramelos podridos estuvo garantizado toda la velada.

Por aquí, servidor tiene genuína devoción por los Ilegales: sin perder nunca el sentido del humor, son capaces de destilar una chulería muy alejada de poses propias de grupo de punkitos adolescentes. Cuando Jorge Martínez dice “Eres una puta / Pero no lo bastante / Tu boca huele / Como un escape de gas“, no lo hace para parecer un malote: es un macarra auténtico y se la suda lo que pienses de ellos. Así lo demuestran en canciones como Hacer mucho ruido, donde habitan pareados tan irrepetibles como “Hago mucho ruido / Porque soy un cretino” o “Me cago en la leche que mamaron / Los cabrones que me denunciaron / Están todos amargados / Sus mujeres huelen a pescado“. Mucha risa, sí, pero a mí este hombre me levanta la mano y me hago caca.